La corrupción de la que nadie habla: políticos y prensa

No hace muchos años un ministro novato le dijo a otro compañero de Gobierno, ya veterano: “Oye, fulanito, ¿por qué a mi me dan todos los días una somanta de sopapos en tal diario y, a ti, hasta escriben editoriales elogiosos?”. “Mira Menganito, esto funciona así: haz el favor de meter publicidad de tu Ministerio en ese diario, y ya verás como tu gestión comienza a ser sobresaliente para estos plumillas”.

Es la corrupción de la que nadie habla. Cuando un político accede al presupuesto, da igual que sea poco o mucho, y que sea municipal, autonómico o estatal, se siente, y con razón, el Rey del Mambo. Sabe que al minuto de tomar posesión de su cargo va a recibir llamadas, y que nunca tendrá tantos “amigos” como ahora. El poder lo ejerce con facilidad. Compra voluntades con rapidez, y una buena parte de los editores de medios, con ingresos cada vez más exiguos, se bajan los pantalones y tragan con lo que haga falta.

Si hay que modificar la línea editorial, adelante. Si hay que dar unas cuantos bofetones al adversario político de nuestro mecenas público… venga, a por él. Y hay ejemplos clamorosos de medios que tienen una habilidad bárbara en adaptarse al entorno cada vez que hay cambio político. “¿Cuánto me das? Pues no te preocupes que incidimos en este tema y en el otro…”.

Es un círculo vicioso del que casi nadie quiere romper, y que nos cuesta cientos de millones de euros al año. El caso más clamoroso es el de Cataluña: 570 medios de comunicación, la mayoría de ellos digitales, reciben más de 32 millones de euros en subvención directa. Y muchos de esos altavoces al servicio del Poder tienen tal dependencia con los políticos, que el dinero que reciben de la Administración representa el 80% de su facturación anual. Un escándalo.

Pero en el resto de España la cosa tampoco pinta bien. Cada vez es más frecuente comprobar cómo muchos medios se convierten en verdaderas terminales políticas de los partidos. Son la voz de su amo. Del que le sanea las cuentas. Y hacen de apuntador del político de turno.

Hoy por hoy no hay ningún partido político, con poder, que manifieste una actitud  de romper con esta mala práctica, y que tenga agallas de proclamar un código ético ambicioso: subvenciones cero, y se acabó comprar voluntades en la prensa con dinero público.

¿Qué pasaría si algún Quijote lo lograra? El resultado sería formidable: un ahorro increíble de dinero que sale de nuestros impuestos; una prensa auténticamente libre, aunque más pobre, y muchos medios, de los más pegados al Poder, se verían abocados a cerrar. También nacerían otros altavoces que estarían pendientes solo del favor de sus lectores, y no de los políticos.

Perderían los políticos, eso sí, pero ganaría nuestra débil democracia. Seríamos más libres…

¿Quién se lanza al ruedo?

Álex Rosal

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